En diálogo con El PSITIO, Vanina Muraro analiza las transformaciones contemporáneas en la manera de vivir el deseo, el impacto de las redes sociales y la exposición sobre la relación con la propia imagen y la mirada de los otros.
-¿Qué transformaciones observa desde el psicoanálisis en la manera en que hoy se vive el deseo?
-Respondo desde lo humilde de mi observación, la ciudad en la que habito-CABA; Buenos Aires- y la casuística que recibo en el consultorio privado y en el Servicio de Atención de Clínica de Adultos dependiente de la Facultad de Psicología del cual soy directora. Parto de la convicción de que la época no es una categoría homogénea, sino que difiere fuertemente de acuerdo con las coordenadas socioeconómicas que cada persona habita, pudiendo convivir el medioevo de poblaciones sin acceso al agua potable con la modernidad extrema y el acceso a múltiples recursos.
Aclarado este punto puedo situar que soy testigo de una aceleración que somete a los seres hablantes al circuito corto de la pulsión. La multiplicación de ofertas narcotizantes accesibles para lidiar con el malestar en la cultura, ya reconocido por Freud en 1930, exige cada vez una menor actividad de los cuerpos que quedan capturados por una pantalla. Hace una década escuché al Profesor Héctor López señalar que la máxima victoriana con respecto al deseo era “Calla y goza”. Si ensayamos una máxima para la actualidad giraría en torno al “Mira/muestra y consume”. Los circuitos de satisfacción se demuestran cada vez más vertiginosos, circuitos cortos que aplastan el espacio del deseo que se nutre de las dilaciones y los rodeos.
-¿Cómo inciden las redes sociales y la exposición en la relación que cada sujeto construye con su propia imagen y con la mirada de los otros?
-Continuando con la reflexión anterior, las redes vehiculizan ese mandato que expresamos bajo los imperativos: “Mira/muestra y consume”, son las herramientas que instrumentalizan el superyó de la época. No se trata de redes que sostienen, que atajan al sujeto si este trastabilla y cae de las coordenadas fantasmáticas enfrentase al desamparo descrito por Freud bajo el término o Hilflosigkeit, se trata de redes que aprisionan como aquellas imágenes que nos llegan de animales marinos deformados y mutilados a causa de las redes pesqueras.
-¿Qué lectura ud. puede hacer desde el psicoanálisis de las nuevas formas de
malestar?
-Voy a hacer referencia a un evento que tuvo lugar el año pasado en la UNICAMP, Universidad Nacional de Campiñas, Brasil. A raíz del siglo del escrito freudiano “El malestar en la cultura” fuimos convocados, lingüistas, filósofos y psicoanalistas a trabajar el cambio climático desde nuestras disciplinas. En esa ocasión, yo escogí revisar los recursos que Freud identifica en esas páginas para lidiar con el malestar. El autor nos habla de “poderosas distracciones, que nos hagan valuar en poco nuestra miseria; satisfacciones sustitutivas, que las reduzcan, y sustancias embriagadoras que nos vuelven insensibles a ellas” (Freud, 1930: 75). Estos atenuantes a un malestar que el autor reconoce como estructural son modalidades que de ninguna manera pueden pensarse como recursos separados. En la actualidad, la salida sublimatoria, aquella que Freud reconoce como un destino alternativo para la pulsión se ve mermada y las otras dos respuestas: la distracción y los narcóticos se solapan entre sí. La distracción, tan popular hoy, se ve trasformada por los avances de la técnica y la facilidad de acceso a determinados contenidos cuya democratización nos alcanza prácticamente a todos; incluso a las niñeces. Del abanico amplio de las distracciones y las ofertas de esparcimiento que surgen con la revolución tecnológica nos detendremos en una práctica que se ha incrementado vertiginosamente en la última década: el consumo de series enlatadas. Consumir series es sin duda un signo de nuestros tiempos, incrementado durante el ASPO -aislamiento social preventivo obligatorio-. El consumo de ficciones cortas se despliega en plataformas de video globalizadas cuyo menú parece inagotable. Una oferta diseñada para que el espectador sea atiborrado de sentidos donde un televidente sólo debe presionar el botón de “siguiente episodio” o “próximo capítulo” y será servido por la diligente aplicación en un continuo interminable.
Las series se estrenan y se consumen en tiempo récord. En Argentina utilizamos la expresión “maratonear” para definir la acción de ver todos los episodios de una misma ficción en escaso tiempo. Una maratón a pesar de que es una actividad que no requiere incorporarse de la cama o el sillón. Se trata de narcóticos modernos que no requieren de la ingesta de una sustancia química externa -fuentes directas que intervienen en lo real por lo real sin mediaciones de lo imaginario o lo simbólico-. Hoy sabemos de las descargas de dopamina y las variaciones de cortisol, que ofrecen los reels, el TikTok, los likes en Instagram y otros servicios de las redes. Así la distracción se solapa con la solución química planteada por Freud, ya que estos nuevos productos son capaces de producir la activación de aquellos narcóticos de los que dispone el cerebro humano.
Aún no podemos saber qué impacto psíquico tendrá en nosotros el consumo masivo de ficciones donde cada usuario cuenta con su propio dispositivo y podría incluso compartir un mismo espacio con otros consumidores sin que necesariamente se encuentran arrullados -arrollados también- por las mismas ficciones. El ingreso al hogar, su presencia en las charlas de sobre mesa, en los divanes, en la cama de una distracción elevada a veces al uso narcotizante. Nos evoca la genial novela de David Foste Wallace, La broma infinita que relata con un humor ácido el consumismo norteamericano. Allí los personajes son espectadores atrapados en una película comercial sin fin que los reduce a un estado catatónico de placer mortífero.
-Frente a los cambios sociales y culturales, ¿qué considera que el psicoanálisis todavía tiene para decirnos sobre el sujeto, el deseo y el sufrimiento?
-Frente a este panorama la oferta del análisis me resulta especialmente pertinente. El psicoanálisis tiene mucho para decir y, por, sobre todo, los psicoanalistas tenemos mucho por escuchar a quienes se ven condenados a hablar con bots o IAs para obtener alguna palabra. La propuesta freudiana, a la luz de la relectura que opera en la obra la enseñanza de Lacan, nos provee de una escucha inédita que soporta y alojar la diferencia, suspender el juicio proponiendo un intervalo que posibilite el acceso a las coordenadas singulares de un sufrimiento que es, a causa de la cultura, para todos.
Vanina Muraro es Doctora en Psicología, Facultad de Psicología UBA. Docente de grado y postgrado de la misma casa. Profesora Titular de la materia Psicoterapias y Psicología Clínica I de la Facultad de Piscología, UBA. Investigadora. Directora del Programa de Extensión, Servicio Clínico de Atención de Adultos, Sede Avellaneda. Autora de numerosas publicaciones científicas. Sus últimos dos libros se titulan: Apuntes para investigar, escribir y defender una tesis, Eudeba, 2023. Interpretación y vanguardia. Contribuciones del formalismo ruso a la clínica psicoanalítica, Letra Viva, 2019. Integrante externa del CEI Hospital N. Braulio Moyano, Ministerio de Salud, GCABA. Analista Miembro de la Escuela Internacional de los Foros del Campo Lacaniano (A.M.E.), miembro del Foro Analítico del Río de la Plata.