Entrevistas

20 DE NOVIEMBRE DE 2006 | RUDY: UN PSICOANALISTA RETIRADO

Donde el psicoanálisis y el humor se unen

Marcelo Daniel Rudaeff (“Rudy”) actualmente es humorista, y hace 20 años dejó de ejercer como psicoanalista. Sin embargo, sigue unido a la psicología, a través de sus libros y su trabajo cotidiano. “Creo que los humoristas y los psicoanalistas trabajamos en forma parecida, descubrimos algo que ya estaba. No inventamos, sino que descubrimos.”

-¿Cómo fue que te inclinaste por el humor?

-Justamente lo del humor no es una inclinación, sino que eso seria ir derecho, es decir, el humor me gustó desde siempre. En todo caso, lo que me resultaría raro es que me hubiera dedicado a otra cosa. Quiero decir, inclinarme fue cuando estudié medicina o me fui por el lado del psicoanálisis. Vengo de una familia donde nadie es humorista, todos tienen sentido del humor. El dialogo gracioso, la salida irónica, era una cosa absolutamente cotidiana. Quizás también era la forma de defenderse y sobrevivir a situaciones más dramáticas. Por ejemplo, mis abuelos eran judíos y en Europa oriental la pasaron muy mal durante principios de siglo XX. A pesar de ello se las arreglaban para vivir la vida como podían y uno de los recursos era el humor. Si bien yo nací en Buenos Aires, en otro contexto, evidentemente en la historia familiar estaba todo eso registrado y uno no rehuye de esa historia. Yo nazco en una familia más bien matriarcal, dentro de una sociedad patriarcal, lo cual también te hacia sentir más extraño.
Otras cuestiones que influyeron fue, por ejemplo, que desde muy chico veía Tato Bores con mi abuelo, que a mi papá le gustaba escuchar “Calle Corrientes”, un programa de humor. A mí siempre me gustó ver, escuchar, leer todo lo que tuviera que ver con el humor. Entonces era en realidad hasta razonable que yo fuera humorista. No lo fui de movida porque en realidad no existía una carrera, yo no sabia que alguien podía ser humorista, pensaba que la gente se dedicaba a otra cosa y en sus ratos libres era humorista. Hasta que finalmente descubrí, a partir del psicoanálisis, un ámbito en el que se podía ejercer el humor y por otro lado, que yo tenia la posibilidad de serlo. En determinado momento me fui dando cuenta que yo podía ser mejor humorista que otra profesión que yo mismo hiciera. Me estaba comparando conmigo mismo, no con los otros. Entre “yo humorista”, “yo médico”, “yo psicoanalista”, era mejor “yo humorista”. Cuando me di cuenta de esto, estaba trabajando de psicoanalista, de a poco fui dejando de atender pacientes y aquí estoy.

-¿Cómo fue que te inclinaste entonces por el psicoanálisis?
-Un poco como decía Freud: desde la neurosis. Quiero decir, yo me acuerdo una vez, estaba en tercer año de medicina, en la materia Psicología medica, en el año 76, donde tuve un docente, el Dr. Alfredo Grande, quien daba clases de psicoanálisis. Un día empieza a hablar de la neurosis obsesiva, y yo dije “y éste de dónde me conoce”. Me reconocí allí algunas características, soy así, pero no de libro. El año siguiente estudie Psicosemiologia, en la cátedra del Dr. Materazzi, un erudito en psicodrama. Yo llegue al psicoanálisis de la manera que yo creo que es mejor llegar, que es con la clínica. O sea, conmigo mismo como paciente y viendo pacientes. En este sentido creo que la teoría sirve si hay clínica. La teoría la pienso como respuesta a interrogantes clínicos. Desde haberme empezado yo mismo a analizarme a partir de esto que vi en la clase de Alfredo Grande, de encontrarme con pacientes, me di cuenta que la medicina tradicional, tal como se la practica, no era para mi, salvo como paciente. El mundo de la Psicopatología me empezó a interesar mucho, por eso empecé a concurrir a grupos de estudio de Freud, y al terminar la Facultad de medicina, rendí el examen de residencia-concurrencia. Fui concurrente durante 5 años en el Centro Ameghino, donde tenía la posibilidad de dedicarme a la Psicopatología, con enfoque psicoanalítico. Fui tomando más cursos, a tener algunos pacientes, en el hospital y en consultorio privado, pero de todas maneras, en algún lugar, estaba todavía pendiente el tema del humor. Sigo inclinado por el psicoanálisis, lo sigo ejerciendo como paciente. Me sigue gustando el psicoanálisis como fuente de humor. Creo que los humoristas y los psicoanalistas trabajamos en forma parecida, descubrimos algo que ya estaba. No inventamos, sino que descubrimos. No es tan distinto. El único lugar de la psicología que puedo aplicar para el humor es conmigo mismo, porque en realidad no trabajo como psicoanalista. Sin duda, uso los elementos del psicoanálisis para el humor, sobre todo por mi experiencia como paciente. Soy una persona que se analizó durante muchos años, y en algún lugar el narcisismo te lo hicieron pelota, o te lo mejoraron, pero no es lo que era. Entonces podes percibir cosas absurdas y narcisas de las noticias, personajes y yo siento que el psicoanálisis me da una herramienta personal más derivada de mi propio análisis más que de algo que haya estudiado, para poder ver y detectar absurdos y también animarme a mostrar lo que veo sin máscaras.

-Vos escribiste algunos libros para psicólogos, ¿que nos podes contar acerca de estos?
-Yo inventé el movimiento “Buffet Freud”. Tengo publicados dos libros de Ediciones de la Flor, el primero es “Buffet Freud” y el segundo “Buffet Freud 2 (Carne de diván)” . Algún material de esos dos más otro que estaba inédito fueron publicados en el año 99, en otro libro que se llamó “Buffet Freud, edición actualizadísima” . En el 2001 salió publicado “Freud más o menos explícito”, que es un diccionario del psicoanálisis, en broma.

En realidad apunto no a las palabras típicas de los psicoanalistas, sino que apunto a explicar qué dicen los psicoanalistas cuando quieren decir “mesa”. No es que a los psicoanalistas no se los entiende cuando dicen “forclusión”, sino que no se los entienden cuando dicen “mesa”, porque están diciendo otra cosa. Una definición que yo inventé es, por ejemplo, la de “edificio” , que es un “edificio hecho por alguien cuya madre quería que fuese arquitecto”. Otra, por ejemplo, “Abolición: castración. A: sin Volición: …”. Hay además una explicación de por qué el fútbol es una especie de terapia, hay tangos psicoanalíticos.

-¿Cómo le cae a los psicoanalistas verse reflejado en estos chistes que haces?
-Yo no se si se ven reflejados, si se que les cae bien, porque de hecho me siguen invitando las instituciones a que vaya y hable. En un lugar les debe divertir. Tal vez más que reflejados, se vean refractados. Quiero decir, no es que se vea a si mismo ahí, sino que vea algo que le da la imagen de otro y no de si mismo, le puede servir para pensar algo. Yo no creo que los refleje, sino que detecto ciertos absurdos y en todo caso, planteo desde el humor ciertas cuestiones, preguntas, que ellos pueden incorporarlas y tomarlas como pregunta, o mirarlas de lejos, reírse un poco y verlo como algo de ficción. Yo invento personajes, con lo cual no deja de ser una ficción, a mi manera de ver, verosímil. Yo no voy a confrontar con los psicoanalistas, sino que voy a mostrarles algo para que hagan con ello lo que quieran. Desde mi, para que se rían. Si a partir de que se ríen eso los lleva a pensar algo, a reflexionar, a intentar una respuesta, es su parte. Yo soy humorista, y lo que pretendo es divertirme con lo que hago. Lo que yo espero es que muchos se rían.

-La risa ya implica un cambio, algo los implicó…
-Claro. Convengamos que es algo más inconsciente, que ni yo ni ellos mismos sepan qué es. El chiste me tiene que hacer reír un poco a mí también primero. Los chistes que a mi me gustan, me hicieron reír a mi antes primero, o me hicieron sonreír, algo me pasó con ese chiste.

-¿Cómo te imaginas la sátira de un psicoanalista?
-Me resultaría un poco difícil caricaturizar a los psicoanalistas actuales, del siglo XXI. Uno tiene la imagen de ese psicoanalista que, por algunas cuestiones, exacerbaba cuestiones relacionadas con que el paciente con conozca otras cosas de su vida, relacionada con el Principio de Abstinencia. Entonces en el consultorio las cosas tenían que estar siempre en el mismo lugar, no se pueden cambiar los adornos, que no son cosas que generalmente nos pasan a las personas, porque por lo general se nos rompen los adornitos, un día el ambiente está mas limpio que otro… pero había un mito, que creo que ahora se ha roto bastante, pero en algún lugar debe permanecer, que para que el paciente pueda desplegar la transferencia, no debe saber nada del analista. Entonces yo me imagino este psicólogo exagerado como aquel que es mal psicoanalista porque pone todo su esfuerzo en los aspectos más formales del encuadre del tratamiento que en cuestiones más profundas, como por ejemplo escuchar el sufrimiento, la angustia, el deseo de un paciente, y trabajar con eso. Ese seria para mi el colmo, el psicoanalista que si el paciente lo ve por la calle se esconde, o aquella persona que no puede dejar de ponerse en el personaje ni cuando duerme, que mientras lo hace intenta interpretar su sueño.

-¿Crees que en un futuro ejercerías nuevamente el psicoanálisis?
-Podría, y supongo que sería mejor analista de lo que era, simplemente por la experiencia del propio análisis. Remitiéndome a Freud, él hablaba de 3 grandes condiciones para ser psicoanalista: analizarse (ahora estoy más analizado que hace 20 años, cuando dejé de ejercer el psicoanálisis), la segunda es supervisar, y la tercera, el estudio. Respecto del estudio, si bien en los últimos años no hice grupos de estudio, fui leyendo más por mi cuenta. Sé más ahora de psicoanálisis que cuando estaba ejerciéndolo, años atrás. Deje de ser psicoanalista cuando estaba empezando el auge lacaniano, si bien estaba consolidado, no era tanto como ahora. De eso me mantuve siempre lejos. A veces voy a jornadas, me invitan a dar charlas, y en cierta forma escucho cierta terminología lacaniana que es dada por obvia. Me resulta más entendible Freud, quizás no tenga que ver con Lacan mismo, sino con diversas interpretaciones que se hacen de Lacan donde se meten en juego demasiados elementos, como por ejemplo la matemática, donde me resulta muy difícil relacionarlo a eso con las cosas cotidianas que le pasan a las personas. Me parecía que estaba puesto en un lugar lejano, abstracto, y yo el psicoanálisis lo veo muy unido a lo concreto. El psicoanálisis es un paciente angustiado, que viene y te habla de su sufrimiento y vos lo tenés que escuchar, o correrte de determinado lugar, y estas son palabras donde no puedo meter la matemática aquí. Para hacer humor, siento también que es algo donde hay algo que no debería estar, o acá falta algo que debería estar, y por ahí nos metemos en el chiste.

Marcelo Daniel Rudaeff (“Rudy”) es humorista y Psicoanalista “retirado”. Desde 1987 trabaja en el diario Página/12 y de la revista semanal Noticias, en la última página, junto a Daniel Paz. Dirige el suplemento Sátira/12 del mismo diario.
Colabora en la revista “Acción” (del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos). Desde 2002 forma parte del equipo del programa radial "La Alternativa", conducido por José Eduardo Abadi (Sábados por la tarde, radio Mitre). Publicó una treintena de libros, entre ellos: “La circuncisión de Berta y otras crónicas de Tsúremberg”, “Odiar es pertenecer y otros chistes para sobrevivir (con Eliahu Tokeer)”, “La vida y otros síntomas”, “Freud más o menos explícito”, “Buffet Freud 1 (edición actualizadísima)”, “Buffet Freud 2 - Carne de diván”, y “Todos los sombreros me quedan chicos”. Tiene 2 libros de próxima publicación, en coautoría con Eliahu Toker.


Más información:
www.tsuremberg.com.ar

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